14 de mayo de 2014

Científico, Humanista e Inmortal.





Jacinto Convit
Científico, Humanista e Inmortal


Hace días, en el momento en que descansaba después de un largo día de trabajo y viendo programas de opinión cuando me entere de una lamentable noticia para Venezuela y el mundo entero: un lunes 12 de mayo del 2014, Jacinto Convit, El Ángel de los Leprosos, una de las grandes eminencias científicas de Venezuela y del mundo ha dejado este mundo.  

   El Doctor Jacinto Convit nació en la parroquia La Pastora, Municipio Libertador de la ciudad de Caracas, Venezuela, el 11 de septiembre de 1913; fue un científico y medico, mundialmente conocido por desarrollar gracias a años de investigación, una vacuna para combatir la lepra y posteriormente dedicó sus últimos años de su vida en conseguir técnicas mas eficaces y preventivas para tratar y hasta curar por medio de vacunas diferentes tipos de cáncer.


Una luz para Venezuela y el mundo

Jacinto fue hijo de Francesc Convit, un español de origen catalán naturalizado venezolano y de Flora García Marrero, venezolana de origen canario.

Jacinto Convit en su niñez

   Inició sus estudios en su ciudad natal en el Colegio San Pablo y posteriormente cursa sus estudios de Bachillerato (secundaria) en el colegio Andrés Bello, siendo alumno destacado del mismísimo novelista venezolano Rómulo Gallegos (autor de las novelas "Doña Bárbara", "Pobre Negro", "Sobre la misma tierra", entre otras obras) en la cátedra de Filosofía y Matemáticas. Luego de sus estudios de Bachillerato ingresa a la escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela en el año 1932.


Testigo de un horror

En el año 1937, el doctor Martín Vegas, científico pionero en los estudios sobre la lepra, invitó a la futura eminencia a visitar la vieja casona de Cabo Blanco en Maiquetía, estado Vargas, donde una gran cantidad de personas quedaban a la merced de la lepra; el joven Jacinto observó como estas personas se consumían vivas en ese sitio a pesar de la atención recibida (muchas veces negada en varios lugares de Venezuela en aquel entonces), olvidados por sus familias, rechazados por la sociedad de aquel entonces.

Niño padeciendo lepra

   La lepra, también conocida como enfermedad de Hansen o Bacilo de Hansen, infección crónica causada por dos tipos de bacterias: la Mycobacterium leprae y la Lepromatosis Mycobacterium; la misma inicia generalmente sin sintomas durante un lagro periodo de tiempo hasta que los mismos se desarrollan con la aparición de granulomas, tumoraciones, llagas, atrofia de los nervios, males en las vías respiratorias, daño en la dermis, epidermis, en musculos, así como en la piel y los ojos.


   A la larga, y gracias a que la bacteria de la lepra daña gran parte de los nervios sensitivos, provoca insensibilidad, o sea, la falta de capacidad de sentir dolor y por lo tanto la pérdida de partes de las extremidades debido a las lesiones. 

   Este mal se presenta con mayor frecuencia entre las personas que viven en la pobreza, especialmente si habitan en lugares insalubres, con poco aseo y se cree que se transmite por las vías respiratorias, y rara vez por medio de contacto físico a pesar de lo que se piensa. La misma, si no se dan las condiciones de contagio antes descritas, no es muy contagiosa.


   La lepra ha afectado a la humanidad durante miles de años, desde tiempos bíblicos y las sociedades de esa época, a riesgo de contagio separaban a los enfermos en colonias de leprosos, condenándolos a una muerte por falta de atención y desconsideración por parte de los demás, señalados con desprecio y asco profundo.



   En su estadía en ese sitio, Convit observaba con horror que estos pacientes estaban casi hacinados, en condiciones infrahumanas e insalubres, sin tratamiento alguno ni tampoco algo de confort, amor ni dignidad; gran parte de ellos llegaban desde lejanas partes del centro del país donde eran prácticamente llevados a la fuerza por las autoridades medicas, policiales o militares y a veces por la presión y el rechazo familiar a ese establecimiento. 

   Las condiciones en ese "leprocomio" (nombre peyorativo y denigrante para los lazaretos o lugares donde se aislaban o trataban a los enfermos de lepra) eran menos que dignas para un ser humano, ni siquiera para el mas inmundo de los animales: por medida de precaución y por ordenes gubernamentales, los enfermos llenos de llagas, con heridas infectadas y/o amputados por el mismo mal (y en casos mas lamentables, algunos fueron solamente sospechosos de estar enfermos) eran encadenados con grilletes, argollas en el cuello y manos, cepos y demás instrumentos de inmovilización, encerrados en celdas, sujetos en la intemperie o empotrados en las paredes de piedra con cadenas amarrados para evitar que los enfermos se fugaran de ese infierno en la tierra.


   En ese sitio, parecido a un campo de concentración, los enfermos no recibían siquiera una alimentación sustentable y agua potable (muchos estaban desnutridos o morían por ello), el tratamiento médico era insuficiente o casi inexistente, eran cruelmente maltratados por los guardias militares, enfermeros y algunos médicos; muchos de ellos eran abandonados a su suerte por sus familias y maldecidos por una sociedad llena de prejuicios, ignorancia, barbarie y discriminación de todo tipo en un régimen dictatorial personalista como lo fue la Venezuela de principios del siglo XX.

   Muchos de ellos, como en todas las sociedades del mundo, una persona con lepra, era sinónimo de pecador, de maldecido y castigado por Dios por sus pecados e indignos de todo respeto, consideración, dignidad, amor y protección de algún tipo; estar obligados por las autoridades a ser trasladado a ese sitio de horror y sufrimiento era sin dudas una sentencia a muerte, estaban prácticamente enterrados en vida.

   Presenciaba el joven Jacinto con horror los innumerables enfermos con poco o sin tratamiento alguno, con síntomas de desnutrición extrema, cegados, llenos de llagas y tumores, amputados en diversas partes de su humanidad a causa de la gangrena y la desintegración de la piel a causa de la batería de la lepra, como cadáveres que cobraban vida pidiendo ayuda sin que nadie les ayudase o comprendiera de verdad.  

   En sus propias palabras, narraba su experiencia en Cabo Blanco:

"La leprosería era un hospital donde se llevaba a la gente a la fuerza. Lo que llamaban aislamiento compulsorio: por ley. Los pacientes eran prácticamente capturados donde vivían y trasladados allí.  Los que venían de zonas distantes eran traídos en barco y los que venían de zonas más cercanas, en un camión.

   Uno de ellos venía de Maturín. Eran como las tres o cuatro de la mañana. Llegó encadenado y acompañado de dos hombres armados. Yo me ofusqué un poco y les dije: 
`¡Quítenle las cadenas porque ése es un ser humano!’ Y los dos hombres me obedecieron. El paciente estuvo relativamente poco tiempo. Como a los cuatro meses, se fugó de la leprosería.  Era un ambiente inaguantable.

   Una vez me informaron que en la Academia Militar había un joven a quien le habían diagnosticado lepra. Lo vi y encontré que el muchacho tenía una lesión, pero benigna. La lepra presenta lesiones agresivas en un porcentaje importante y lesiones benignas, que muchas veces se curan solas.

   Le escribí una carta al presidente de la junta de gobierno, Delgado Chalbaud.

   Y él me contestó que ese joven no iba a ser expulsado porque yo decía que no tenía una enfermedad maligna".

   Durante su estadía en este sitio de horror, Jacinto encontró al fin un motivo por que vivir: luchar por cualquer medio contra la lepra y lograr como meta la dignificación de los enfermos de la misma, aun significando que el mundo estuviera en su contra.

   Convit describía su futuro como medico gracias a la experiencia en esa leprosería cuando escribía sus memorias en 1990 con estas palabras:

"Aprendí a cuidar a los pacientes desempeñando labores de médico, juez, odontólogo y consejero, que sirvieron ampliamente para enriquecer mi conocimiento sobre la enfermedad y profundizar sobre el aspecto humano de los enfermos"

   En la Venezuela que recién salía de la barbarie de la dictadura de Juan Vicente Gómez, la más larga, cruel, sangrienta y más corrupta de la historia venezolana, a los leprosos se les encadenaba como si fueran animales y eran custodiados por autoridades policiales, que muy a menudo los trataba peor que a criminales de delitos horribles, haciendo que el carácter humano de Convit saliera a relucir a veces por medio de fuertes reclamos hacia los guardias, exigiéndole a los mismos a que no maltratase a los enfermos. La mayor parte de las veces, los oficiales hacían caso omiso a sus ordenes; a pesar de estar en pleno siglo XX, esta enfermedad era todavía motivo de prejuicios arraigados socialmente y muchos, en su ignorancia o quizás en su maldad mas intrínseca, llegaban en algunos casos, linchando enfermos para evitar un posible contagio.

   La lepra ha estado asociada como castigo divino, con un estigma social de gran parte de la historia. Esas experiencias dentro de esos sitios marcaron al joven estudiante, logrando en él una marca de fuego en su corazón, un deseo que años más tarde lograría.


Logros profesionales en favor de los abandonados

El joven Jacinto obtuvo tiempo después el título de Doctor en Ciencias Médicas en 1938, siendo alumno destacado logrando el merito de tener reconocimientos y títulos de excelencia académica en varias asignaturas.

   "Estudiábamos mucho, con gran intensidad y había mucho que memorizar. Hubo una época en la que llegué a sentir una especie de cansancio. El número de horas que había que estudiar era grande", afirmaba el hombre de ciencias recordando aquellos años de arduo estudio con excelentes resultados.

   Desde ese momento, Jacinto Convit se dedicó de lleno al estudio de la lepra desde que se graduó de médico, empezando a investigar sobre la lepra dentro de La Leprosería de Cabo Blanco, donde se dedicó de lleno al estudio de los aspectos clínicos y de laboratorio de la lepra donde tiempo más tarde, consigue el cargo de director de esa institución desde 1943. Luego es enviado por órdenes del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en 1945 al estado de Sao Paulo, en Brasil por para conocer los servicios antileprosos de ese país y aplicar las técnicas en Venezuela.

   Al regresar, es designado Director de las leproserías nacionales, cargo que ocupa hasta 1946.

   Inicia también su carrera como docente en 1940, participando en la Cátedra de Medicina Tropical de la UCV, enseñando a los estudiantes de Medicina los aspectos clínicos y de laboratorio de la lepra en la Leprosería de Cabo Blanco y en el año 1945 ingresa a la Cátedra de Dermatología como instructor y Director del Laboratorio de dicha Cátedra, entre otros títulos y cargos en la docencia.

   En 1942, junto a José Sánchez Covisa, Martín Vegas, Juan di Prisco y otros eminentes dermatólogos, funda la Sociedad Venezolana de Dermatología y Venerología donde fue su primer presidente.

   Durante los años 1944 y 1945, Convit viaja a los Estados Unidos para estudiar en la Unidad de Cáncer y Piel de la Universidad de Columbia y en la Universidad Western Reserve (Cleveland, Ohio) y en 1944 se incorpora como dermatólogo del Hospital Vargas de Caracas y en 1958 llega a ser Jefe del Servicio de Dermatología.

   Convit fue el primer director de la División de lepra del MSAS desde su fundación, el 1 de julio de 1946, y desde este cargo luchó contra el mal bíblico y creando para ese fin 20 servicios antileprosos y 171 dispensarios en todo el país.

   Convit cambia la orientación de la lucha antileprosa, al evitar el aislamiento compulsorio o forzado de los enfermos e implementó el tratamiento ambulatorio y el control y protección de sus contactos.

   El 1 de enero de 1962 se crea bajo su promoción la División de Dermatología Sanitaria, para ampliar las fronteras de la División de Lepra, designación esta última que desaparece.


Vida familiar

Pero a pesar de las largas luchas contra este mal milenario, todavía tenía tiempo para el amor y la vida familiar: en 1947, se casa con Rafaela Marotta, una joven de origen italiano luego de 10 años de amores y con la tuvo cuatro hijos: Francisco, Oscar, Antonio y Rafael. Sus dos últimos hijos siguieron los pasos de su padre, y son médicos.

   Entre los años 1950 y 1951 obtuvo los títulos de Licenciado y MSc en Química en la Universidad de Delaware, durante su periplo por Norteamérica y obtuvo un doctorado en Química de la Universidad de Tulane en Louisiana tres años después donde fue instructor asistente en Química Orgánica. En ese tiempo logra ser distinguido con el Mérito a la Enseñanza y con el American Cyanamid Fellowship Award.


Un desafío

En los años 1960 en el auge de la Guerra Fría, Convit, quien gracias a sus estudios y larga experiencia en el campo del estudio de la lepra, observó que muchos males como la viruela, el tetaos y demás males incapacitantes estaban siendo erradicados por medio de vacunas, así que se propuso a hacer algo que ningún medico en ese momento había hecho antes: obtener la cura de la Lepra mediante la vacunación o como mínimo, un tratamiento altamente efectivo.

Jacinto Convit en su juventud

   Para ello presentó a la OMS (Organización Mundial de la Salud) un informe sobre los resultados de sus investigaciones sobre el tema y que le valió que los datos de su investigación sirvieran de base al programa de Poliquimioterapia, difundido por la OMS en los países con altos casos de lepra.

   Convit en esa época funda el Instituto de Dermatología, que posteriormente se llamó Instituto de Biomedicina de Caracas (IBC) y en 1973, este centro se convirtió además en la sede del Centro Internacional de Investigación y Adiestramiento sobre Lepra y Enfermedades afines de la Organización Panamericana y Mundial de la Salud.

   Fue nombrado Presidente de la Asociación Internacional de la Lepra (ILA) en 1968 y reelecto en 1973, además de ser presidente de la International Journal of Leprosy Corporation y en 1976 fue electo director del Centro Panamericano de Investigación y Adiestramiento en Lepra y Enfermedades Tropicales.

   Jacinto Convit también fue nombrado por la OMS en esa década Director del Centro Cooperativo para el estudio Histológico y Clasificación de la Lepra, dirección que continuó desempeñando, hasta antes de su fallecimiento.

   Convit, ya un hombre de edad mayor seguía trabajando con esmero y sin descanso en lograr un tratamiento más eficaz contra la lepra, muchas veces, con infructuosos resultados.


El descubrimiento

Convit había estudiado en el pasado los efectos de un remedio para paliar los síntomas de la lepra, como fue el aceite de Chaulmoogra, proveniente de un árbol asiático que era el único tratamiento casi viable, aunque no tan efectivo en algunos casos para la enfermedad en tiempos pasados y el investigador junto con sus compañeros pudieron comprobar que el compuesto de Sulfota y Clofazimina podía fungir con gran efectividad en contra de este mal; el aceite, junto con inyecciones de morfina, era lo mas efectivo para ese tiempo, aunque no curaba la enfermedad, si aliviaba sus efectos, sobretodo el dolor.

   Hasta que un día, luego de varios años de ardua investigación dio con un descubrimiento que le daría la respuesta a esa cura contra la lepra, todo eso gracias a un mamífero roedor, casi prehistórico, con coraza y de aspecto extraño.

   Un animal conocido en Venezuela con el nombre de cachicamo o armadillo de Apure, una especie de armadillo, es un animal oriundo de las Américas, principalmente de las regiones tropicales; durante siglos su carne fue fuente de alimento para los aborígenes americanos y campesinos de las regiones más inhóspitas de Latinoamérica. Este animal, de forma cómica aunque muy inteligente y evolucionada, para protegerse se enrolla como una esfera o pelota, escudándose con su dura coraza externa en caso de peligro y así librarse de depredadores.


El Armadillo o Cachicamo (Dasypodidae)

   Después de informarse acerca de un extraño caso de lepra en un cachicamo en Estados Unidos descubierto por la investigadora norteamericana Eleonora Stors, el doctor Convit empezó a trazar un plan para crear la salida del infierno para de millones de personas en el mundo para ese entonces.



   Jacinto Convit, al ver que un animal de origen sudamericano, abundante en Venezuela y medianamente fácil de conseguir como el armadillo tenía también la posibilidad de ser contagiado por la lepra al igual que los seres humanos, se dio la tarea de forma definitiva en buscar un espécimen para inocular (inyectar o contagiar una bacteria o virus a un ser vivo) el bacilo de la lepra, cosa que hizo y así pudo obtener el Micro Bacterium Leprae. El último, sacado del animal inoculado fue mezclado con la vacuna de BCG (vacuna contra la tuberculosis) de forma cuidadosa para formar una vacuna contra la lepra, altamente efectiva, o sea, logrando una cura de un mínimo del 95 por ciento de los casos sin efectos secundarios de algún tipo.



   En el año de 1987, luego de años de investigación, vivencias y de ser testigo del daño de aquel "castigo de los dioses", el doctor Jacinto Convit, consiguió lo que nadie hasta ese momento había hecho; conseguir la cura contra la lepra, un tratamiento y vacuna preventiva ante la alegría de millones de personas con ese estigma a cuestas, un país orgulloso de aquel logro y el asombro del mundo entero.



   La mezcla de Mycobacterium leprae con BCG producía una lisis total del agente de la lepra cuando era inyectado en pacientes enfermos de lepra; Convit y su grupo de colaboradores centraron sus esfuerzos y su interés en el uso en gran escala de la vacuna desarrollada, no sólo para la inmunoterapia de los enfermos leprosos, sino para prevenir la misma de los contactos con pacientes leprosos. Sus resultados de las experiencias con la vacuna han sido presentados en más de veinte trabajos.



   Con igual orientación metodológica también desarrollado la lucha contra la leishmaniasis (un tipo de lepra que es desarrollada por contagio zoonotico, o sea, por medio de isectos como el mosquito o zancudo) tiempo después del descubrimiento de la vacuna contra la lepra.

   Gracias a este logro, muchas leproserías en Venezuela y en el mundo entero empezaron a desaparecer, salvo muy pocas que existen todavía.


Laureles para un Ángel

Entre tantos premios, títulos y condecoraciones estaban el Premio "Luis Daniel Beauperthuy" de La Sociedad Venezolana de Microbiología en 1972, por sus grandes aportes a la ciencia universal.



   Sus logros de gran importancia, mas los años de investigación acerca de la lepra le valió la obtención del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por su labor en los campos de la medicina y el área científica en 1987.

   Fue uno de los candidatos para el premio Nobel de Medicina en 1988, aunque por desgracia, este reconocimiento fue para la bioquímica y farmacóloga Gertrude Belle Elion, por desarrollar el primer tratamiento contra la leucemia y contra la malaria.

   Ha sido nominado y recomendado varias veces para el Premio Nobel; pero más de una vez Convit mencionó que su único sueño es ver la lepra erradicada de la faz de la tierra.

   Recibió a su vez el Premio "Ciencia y Tecnología 1990", otorgado por la República de México, el Premio "José Gregorio Hernández" de la Academia Nacional de Medicina y el "Abraham Horwitz" de la Organización Panamericana de la Salud, así como varios títulos Honoris Causa, tanto de academias nacionales como internacionales.

   El 21 de febrero de 1991 recibe un merecido homenaje por parte del Congreso Nacional de Venezuela.

   Fue condecorado en Francia con La Legión de Honor, la más alta distinción honorífica de ese país, mientras que en 2013, la Asamblea Nacional venezolana aprobó por unanimidad un proyecto de reconocimiento a sus trabajos, con motivo del centenario de su nacimiento, a la vida y obra.

   Igualmente, los diputados del parlamento venezolano indicaron que se debía “solicitar el Premio Nobel de la Medicina al Dr. Jacinto Convit para reconocer su labor científica y los aportes que ha preservado para la salud de los pueblos del mundo”.


Opiniones sobre la educación universitaria actual en Venezuela

Cuando le dijeron que pensaba de la formación universitaria actual, respondió con sinceridad:

"Hay que modificarla de base. El estudiante debe aprender mucho de las cosas prácticas. Llama la atención como se dejan escapar muchas oportunidades, en especial la forma en cómo se debe tratar al enfermo, al paciente... Se ha mezclado mucho la politiquería en las universidades, hay gente de gobierno, de partidos políticos. La politiquería le ha hecho mucho daño a las universidades, está presente en casi todas las dependencias, no es aceptable que la Universidad sea campo de acción de partidos políticos. Eso hay que detenerlo, es muy importante que la universidad se dé cuenta de lo que está pasando.

Para mí es indiscutible, lo fundamental son los estudios. Hay cosas que se deben conseguir en la calle, hay conocimientos y experiencias personales o grupales que sólo se pueden aprender en la calle, pero el estudio te da la oportunidad del análisis, del desarrollo, lo contrario sería una vida mediocre, sin mayor importancia".


Otra lucha que librar

Luego de años de sacrificios, investigaciones, del reconocimiento, de años de triunfos, alegrías y agradecimientos por doquier, el doctor Convit dedicó su vida a buscar la cura de una de las enfermedades más horribles del mundo, aquella que afecta a cualquier persona sin importar edad, clase social, raza, religión o alguna diferencia notable entre seres humanos: el Cáncer.



   Después de la cura contra la lepra y el tratamiento contra la Leishmaniasis, intentó  desarrollar una inmunoterapia contra el cáncer de mamas, colon, cerebro y estómago que estaba en su etapa experimental, pero ha mostrado resultados muy esperanzadores. Después de su partida, no se sabe a ciencia cierta si alguien con la gran sabiduría de Convit podrá lograrlo, y si lo hiciese, seria sin ánimo de lucro.

   Según sus palabras: “No es una vacuna ya que se aplica a los pacientes que ya tienen la enfermedad, es un tratamiento que utiliza las mismas células tumorales del paciente para hacer una inmunoterapia personalizada, es decir que la autovacuna es diferente para cada paciente...

   Yo tengo la impresión de que está cerca (la vacuna contra el Cancer). Y que debemos tener fe. El problema de la lucha contra estas enfermedades que afectan al ser humano es el prejuicio. La lepra pudo ser tratada porque trabajamos sin prejuicio, teniendo la seguridad de que se iba a encontrar un tratamiento que iba a mejorar al enfermo. Y en cáncer existe un prejuicio tremendo: la gente cree que no tiene solución, y que nunca la tendrá. Eso no es así. Nosotros, en lepra, usamos sustancias que permitieron al organismo destruir al mycobacterium leprae. Debemos seguir esa misma vía: usar sustancias que destruyan la célula tumoral. En eso es que estamos trabajando. Llevamos tres años".

   Jacinto Convit, con una fortaleza física, anímica y espiritual además del humanismo que le caracterizó toda su larga y prospera existencia, se propuso a combatir este mal, incluso hasta sus bien entrados y envidiados 100 años de edad.

   Su notable longevidad, según muchos de sus admiradores, fue una recompensa ganada por él de parte de Dios por ayudar a muchos sin importar tabúes, prejuicios y falta de conciencia.



   "¿Qué cual es el secreto de mi longevidad? ¿Que por qué no me he muerto? ¿Eso es lo que usted me quiere preguntar?" - dijo hacia poco en una entrevista el doctor Convit sobre su existencia centenaria - "Porque tengo proyectos en qué ocuparme.  Y me ocupo.  La tragedia está en las jubilaciones que consumen el cerebro del ser humano y refugiarse entre las paredes de la casa limita el pensamiento, hasta el ejercicio físico, el ser humano se desactualiza aislándose de sus compañeros y la vida social como intercambio de ideas. Hombres y mujeres jubilados se abandonan hasta en su apariencia, lamentablemente".


  En los últimos años de su vida seguía a pesar de los años a cuestas bien lucido de mente, siempre rodeado de sus más fieles seguidores, ayudantes y de sus alumnos junto con el amor y agradecimiento de sus pacientes, familiares y amigos, con buen semblante, alegre, disciplinado y fuerza de voluntad para lograr grandes cosas. En esos últimos años de sus días, este anciano noble, de forma ferviente quería de todo corazón conseguir la cura de esta enfermedad junto con un equipo multidisciplinario de investigadores venezolanos y extranjeros de mucho talento y calidad humana mediante el modelo de inmunoterapia propuesto por el médico, sin embargo, para mucha tristeza, este modelo quedó apenas en fase experimental, que fue interrumpido por los momentos a causa de su partida.

   Estas investigaciones para curar varios tipos de cáncer lo coloraron en el filo de la polémica, ya que el mundo entero querían saber que tan cierto era esta investigación y mucho más si hay muchos que por afan económico o por simple enemistad, se opusieron a esa búsqueda.

   A pesar de que su interés no era la fama ni el reconocimiento público, a causa de ello se veía obligado a ser entrevistado varias veces para aclarar dudas y decir verdades.

   Cuando le dijeron acerca de jubilarse, respondió: “¡jubilarse es la muerte!"


Científico, Humanista e Inmortal

Ese noble anciano vestido de bata blanca con ojos claros y de aspecto enérgico fué hasta su muerte y después de ella un ejemplo de perseverancia, valor, amor al prójimo y de honestidad absoluta que jamás será olvidada; en lo personal, sería muy difícil que vuela a este mundo un ser humano como él, a menos que exista desde el rincón más oculto de este mundo alguien que sacrifica y sea constante en buscar una meta para alcanzar: el de lograr un alivio para los que sufren y para los que necesitan a alguien para ser personas y no tratados como basura por los que son indolentes con los demás y consigo mismos al igual que la gloria personal, prestigio y títulos de reconocimiento bien merecido.

   Su recompensa fue su larga vida, el respeto y reconocimiento de seguidores y acérrimos enemigos, amor de toda su gente sin importar bandos políticos, clase social y etnia, el agradecimiento de miles y hasta millones de personas que fueron salvadas por su mentalidad brillante y su corazón de oro.

   Tranquilo, en su casa, quizás sabiendo que hizo algo grande, talvez con lamente enfocada en otra lucha contra otro enemigo mortal y antiguo de la humanidad, fallece en su ciudad natal, el 12 de Mayo de 2014, pocos meses antes de cumplir 101 años.

   El doctor Jacinto Convit, el Ángel de los Leprosos, Sabio de la Patria y una de las grandes eminencias del mundo se ganó el cariño de sus pacientes, el de sus compatriotas y el respeto de la comunidad internacional.

   Él nos enseñó durante gran parte de su larga y bien aprovechada vida que el que busca un fin con empatía, voluntad, estudio, análisis, paciencia y sabiduría, conseguirá una victoria aplastante para el que lo logra y para los que tiene como un motivo de vida, como es el de ayudar al desvalido sin mirar atrás y sin mirar un interés salvo el de lograr el bienestar de todos; solo así se logra ser inmortal y tener el mundo ante nuestros pies, pero en este caso, para el bien de la humanidad.

   Las próximas líneas para finalizar este articulo, es una recopilación y un mosaico escrito de sus frases y escritos más celebres, y las dejo como un homenaje y una despedida a este gran ser humano, están para que nos demos cuenta, quien fue en realidad este médico que se convirtió en leyenda, y que jamás olvidaremos:

"La muerte es algo que uno tiene que aceptar. Nadie se puede salvar de morir. Es decir, la muerte no es discutible. Ahora, lo que hay que hacer es aprovechar el tiempo y hacer las cosas lo mejor posible. Tratar de favorecer a la gente lo más que se pueda. Por eso pasé de mi trabajo en lepra y leishmaniasis, al cáncer.

El prejuicio es el elemento más grave y más difícil de combatir. Creo que no se ha estudiado a fondo y parece que no es un asunto que resuelva la educación. Como decía Goethe: 'ser humano es un deber'. El estigma afecta a la sociedad y hace extremadamente difícil el control de la afección, incide sobre la familia y sobre el enfermo mismo, quien se esconde para evitar el rechazo. No hay nada que alivie más a un ser humano de su sufrimiento, que ser liberado de la marca de un estigma.

Yo creo que los sentimientos de amor hacia el ser humano van a estimular en él la vocación de servicio, que no es otra cosa que pura y simplemente un profundo amor a la vida.
Estamos buscando la vacuna contra el cáncer. ¿Está cerca la vacuna contra el cáncer? Yo tengo la impresión de que está cerca. Y que debemos tener fe.

No solamente creo en Dios, sino que uno tiene que hacer el esfuerzo para que los demás crean en él. Porque indudablemente que la creencia en Dios es algo necesario para el ser humano. A veces uno está pensando cosas y estoy seguro de que está influido por Dios.

Jamás ha ejercido la medicina privada. No va con mi carácter. El médico debe ser un servidor público. Para mí, esto no es un negocio: se trata de proteger la vida humana. Es muy difícil hacer fortuna ganando un sueldo de médico de salud pública. Pero, al fin y al cabo, uno no necesita eso. Porque si uno tiene una vida discreta y le es suficiente lo que gana, uno se siente feliz.

Somos Médicos para cumplir una misión, no para crear dinero con el dolor ajeno.

Yo creo que los sentimientos de amor hacia el ser humano van a estimular en él la vocación de servicio, que no es otra cosa que pura y simplemente un profundo amor a la vida. El que tenga facilidades para amar a los demás, que lo haga con lo que disponga. Luchar por la felicidad de los demás, sirve para la evolución de uno como persona. Dedicarse con ahínco a tratar de mejorar la situación del prójimo es fundamental en la vida.

En medio de una batalla campal no se puede construir una nación. Las naciones se hacen cuando se complementan todos y se ponen de acuerdo... Cada vez que nos lancen una piedra, debemos devolverles una rosa, porque el amor es el único antídoto del odio.

Lo importante es que la gente progrese, transforme su forma de vida y tenga lo suficiente para ser feliz, que tenga salud y educación. La sociedad tiene que comprender que la salud es la base para el progreso.

Para la evolución es preciso la autonomía, la iniciativa, la disposición para el esfuerzo, las evaluaciones periódicas para asegurarse de que se está en la vía correcta. Es necesario impulsar la vida del pueblo para que este tenga la información suficiente, para que se organice y obtenga los recursos requeridos. El maestro tiene que aprender, tiene que impulsar la evolución. Los padres y la organización familiar deben edificar la estructura para el desarrollo de la persona desde el comienzo de la vida.

Los hombres de ciencia, los científicos, luchamos contra lo imposible, consagrándonos a los demás, transitando los posibles caminos para lograr que la vida se parezca cada vez más a la vida. Cuando tengo un ratico libre, me gusta soñar en las otras cosas que quisiera hacer por esos otros pacientes cuyas enfermedades aun siguen sin respuesta alguna. De allí surgió el interés por el modelo de una inmunoterapia del cáncer, que venimos desarrollando como un estudio que puede resultar importante.

Hay mucha gente con un lenguaje depresivo, insistiendo en que estamos mal. Creo que, al contrario, tenemos que formar a los jóvenes con la capacidad de superar las situaciones, sin importar las dificultades en las que se encuentren. Debe haber un cambio de actitud. Los hombres aman más el esfuerzo y la producción hecha por ellos mismos.

Me gustan los filósofos que hablan del porvenir y de la proyección sobre el futuro del mundo. Los países se hacen pensando y haciendo. Hay que crear un ambiente adecuado para el pensamiento. En medio de una batalla campal no se puede construir una nación. Las naciones se hacen cuando se complementan todos y se ponen de acuerdo.

Creo en la sociedad, creo en la juventud, que son los que deben cargar ese peso importante, hacer un esfuerzo enorme. Nosotros haremos, con el tiempo que nos queda, todo lo que podamos, pero ellos tienen que hacer esa carrera de relevo.

Ahora, lo que hay que hacer es aprovechar el tiempo y hacer las cosas lo mejor posible. Tratar de favorecer a la gente lo más que se pueda.

Por eso pasé de mi trabajo en lepra y leishmaniasis al cáncer.

La muerte es algo que uno tiene que aceptar. Nadie se puede salvar de morir. Es decir, la muerte no es discutible.

Encontrar en la vida un deseo, una pasión para vivir, es un impulso fundamental.

Uno nunca puede pensar en el futuro si no trae la historia. La historia enseña mucho, cómo comenzó, cómo se desarrolló. Se hace camino al andar...

La lección más grande de la vida es hacer el bien a los que sufren... Uno debe acostumbrarse a ser feliz cuando hace feliz a los demás".




Jacinto Convit
1913-1914



FUENTES CONSULTADAS:

Jacinto Convit - Wikipedia, la enciclopedia libre
Falleció Jacinto Convit - El Nacional
Blog no oficial de Jacinto Convit
Biografía Dr. Jacinto Convit - Instituto de Biomedicina
Jacinto Convit - Venezuela Tuya
Murió a sus 100 años Jacinto Convit - La Patilla
Comunicado de la familia Jacinto Convit tras su muerte
Venezuela en deuda con Jacinto Convit - Noticiero digital
Nieta de Jacinto Convit: “Su partida no es una pérdida, es una celebración” - Venezuela al Día


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